Airline rima con online

A ver… pensemos: los billetes de avión son uno de los ejemplos clásicos de producto bit. Son además altamente perecederos, de manera que se benefician de las transacciones rápidas. Los emisores de los mismos, las aerolíneas, se ahorran gastos de comisiones al canal, de personal, de impresión y de logística por el hecho de procesarlos online. Los clientes consiguen un nivel de información mayor, una sensación de autonomía e independencia en la elección muy agradable, una mayor comodidad, y un precio más económico, amén de los incentivos que las propias aerolíneas están dispuestas a entregar.
Comparemos el proceso: esta noche sueño con las Seychelles. Me levanto por la mañana, y me tengo que asear, vestir, bajar a la calle, encontrar una agencia de viajes, hablar con una persona que me intenta convencer para colocarme otros destinos que le dan más comisión, resistir la presión a la que me somete, manejar tan sólo la información que me quiera dar, tener que tomar la decisión rápidamente, adquirir un billete a cuyo coste se incrementa la comisión de la agencia, custodiar el papelito hasta el momento del viaje, acordarme de llevarlo conmigo al aeropuerto, y sacar la tarjeta de embarque.
Frente a eso, me levanto, me pongo delante de la pantalla (lo de asearme y vestirme es potestativo, en función de la distancia entre mi ordenador y la ventana), y en unos cuantos clics, tengo un localizador que, si quiero, apunto en un papelito. El día del viaje, me voy al aeropuerto, entrego mi DNI, pasaporte o tarjeta de viajero frecuente, y me dan la tarjeta de embarque. Eso si es que no me la he querido imprimir yo en mi casita y me planto directamente en la puerta de embarque. Y además, me sale más barato y me dan más puntos.

¿De verdad le extraña a alguien que ya el 38% de los billetes de avión se compren en Internet? Ya, ya sé, esos pobrecitos que compran por Internet se pierden los maravillosos consejos de su agente de viajes, ese “no olvide llevar su pasaporte y ponerse sus vacunas”, esos modales perfectos, ese penetrante olor de la colonia, y ese savoir faire que tiene la tienda del barrio que te conoce desde que eras pequeñito y sabe a dónde te gusta viajar. Ya, claro. Pocos sectores hay que tengamos más claro de dónde vienen y, sobre todo, a dónde van. Y como siempre, los únicos que no parecen saberlo son ellos mismos. ¿El 38%? Con semejante combinación de factores, lo raro es que aún quede alguna agencia de viajes…

Texto de EnriqueDans

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