República Dominicana, la nueva droga


La primera vez que te planteas realizar un viaje a este país te sonará a algo lejano, exótico, ¿pobre?, no sabes; quizás tengas a conocidos que te hayan hablado de él, te habrán contado muchas anécdotas sobre la mezcla explosiva que produce el ron y el merengue, sus playas, la arena blanca y fina. Argumentos más que suficientes para que te hallas decidido a ir allí; luego te surgirán las típicas dudas sobre si has escogido un buen hotel, que tiempo te hará, que ropa llevarte…

– No te preocupes!

Estás a punto de cruzar la barrera de lo real. A nada de lo que te hallan contado o dicho echarás cuenta. Lo vas a vivir tú!. Ahorita mismo (como dirían ellos). Solo tienes que tener presente una cosa y es que este viaje puede crear adicción, pero ya da igual, ya es tarde, acabas de aterrizar en el aeropuerto de Punta Cana y al bajarte del avión te has metido la primera calada de aire dominicano húmedo y caliente. Te habrás hecho la primera foto junto al letrero que te confirma que realmente estás allí, asemejándote en cierta manera a los antiguos conquistadores, cuando clavaban su bandera; te habrá llamado ya la atención la gran choza que tienen por terminal de llegada. De camino al hotel tu cuerpo y tu cabeza serán un hervidero de nuevas sensaciones, la gente, la guagua, la carretera, el paisaje, las casitas…

Pero lo mejor aún está por llegar y quizás no sea esa playa con ese cocotero en una postura imposible, ni ese hotel con esos jardines parecidos al edén, quizás lo mejor sea la idiosincrasia de sus gentes, la alegría contagiosa de vivir, el pegajoso ritmo del merengue junto al trago de ron, o los reposados momentos de las puestas de sol saboreando una cerveza Presidente bien fría.

No sé que será, pero cuando te quieras dar cuenta todo habrá pasado como un sueño y estarás mirando hacia abajo montado en tu avión rumbo a Madrid, viendo como queda atrás esa maravillosa tierra. Sentirás esa rara mezcla de alegría y melancolía que produce la resaca de tu paso por lo más parecido al paraíso.

Y en tu mente solo tendrás una idea: volver las próximas vacaciones. No intentes luchar contra ello, el síndrome de abstinencia es duro, la cura casi imposible y la metadona esta Web.

Candi.

Texto en los comentarios de la web de la República Dominicana de Beatriz.

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