Viajar según Darwin

En conclusión, a mi juicio, nada tan provechoso para un joven como el viajar por países remotos. En parte estimula y en parte calma las ansias y anhelos que experimenta el hombre, aunque tenga plenamente satisfechas las necesidades corporales. La excitación causada por la novedad de los objetos y la probable esperanza del éxito le impelen a redoblar sus esfuerzos. Además, al paso que pierde pronto su interés la multiplicidad de hechos aislados, el hábito de comparar conduce a la generalización. Por otra parte, como el viajero permanece por poco tiempo en cada lugar, sus descripciones consisten generalmente en meros esquemas, en lugar de entretenerse en observaciones minuciosas.

No puedo menos que recomendar que aprovechen toda ocasión de viajar. Por lo que hace a efecto moral, los resultados deberán ser, adquirir paciencia jovial, libertad de sí mismo, hábito de obrar por cuenta propia y de hacer lo mejor en cada caso. Otra de las enseñanzas consiste en ejercitar una prudente cautela; pero al mismo tiempo hallarán con grandísima frecuencia personas de buenos sentimientos a las que no habían conocido ni volverán a tratar, y que, no obstante, se apresurarán a ofrecer su desinteresada ayuda.

Charles Darwin, biólogo, escrito en Viaje de un naturalista alrededor del mundo (Traducción de Juan Mateos) o El viaje del Beagle (1839). Darwin se recorrió el mundo durante 5 años, a los 22 años. La ruta (sentido oeste):

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