El Zen y los viajes


[…] El Zen carece de meta. Es un viaje sin objeto ni destino. Viajar es estar vivo, pero llegar a alguna parte es estar muerto, porque, como dice nuestro proverbio: “El camino es mejor que la posada.”

Un mundo que cada vez más consiste en destinos sin viajes intermedios, un mundo que valora solamente el “llegar a alguna parte” tan pronto como sea posible, es un mundo sin sustancia. Podemos llegar a cualquier parte y a todas partes, pero mientras más posible es esto menos vale la pena ir a cualquier parte y a todas partes. Los puntos de llegada son demasiado abstractos, demasiado euclidianos, para ser gozados, y es como si comiéramos exactamente los extremos geométricos de una banana sin tocar nada de lo que hay entre esos dos puntos. Lo importante en estas artes es, pues, el practicarlas, más que su resultado. Pero, más que esto, su goce real reside en lo que surge inintencionadamente en el curso de la práctica, así como los placeres del viaje no residen tanto en llegar adonde uno quiere cuanto en las inesperadas sorpresas que ocurren durante el trayecto.

El camino del Zen. Del escritor y filósofo Alan Watts.

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