Del miedo a la atracción turística


Las bombas explotaban entre las siete y las nueve de la noche, o entre las cinco y las siete de la mañana. Cuando nos acostumbrábamos, podríamos calcular los kilos de dinamita y el sitio donde estallaban. Fue una guerra sin cuartel. Por cada policía muerto pagaban dos millones de pesos. Dos mil dólares de ese entonces. El negocio de las funerarias y cementerios creció prosperadamente, con ataúdes hasta de 20.000 dólares, tumbas con equipos de sonido incorporados, mariachis en los entierros, epitafios luminosos, jardineros de tumbas, plañideras-trovadoras, sahumerios reproductores de la loción preferida del muerto. La cultura de la ostentación fue el distintivo de la gente de los carteles.

El terrorismo creado por el Cartel de Medellín, cuya figura era Pablo Escobar Gaviria, tenía como objetivo atemorizar tanto al Gobierno como a la sociedad para evitar la extradición de los capos solicitados desde Estados Unidos.

El turismo se fue de Medellín.

Los hoteles pasaron a una ocupación del 23%, en los restaurantes y discotecas existía gran nerviosismo y era frecuente ver la ciudad sin tráfico vehicular después de las siete de la noche.

¿Qué se puede hacer cuando una bella ciudad, de múltiples atractivos turísticos, adquiere la imagen de ciudad peligrosa, propensa al crimen y penetrada del narcotráfico?

Un experto nos cuenta lo que se hizo junto con otros colombianos para cambiar la imagen de Medellín, librándola del estigma y miedo. Medellín, del miedo a atracción turística.

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